viernes, 21 de agosto de 2015

Viernes 21 de agosto

Tú, oh Jehová, eres bueno y estás listo para perdonar (Sal. 86:5

¿Qué muestra que el perdón de Jehová es permanente? Examinemos la profecía de Jeremías concerniente al nuevo pacto establecido con los cristianos ungidos, el cual hace posible el perdón de los pecados para quienes ponen fe en el rescate. Jehová prometió: “Perdonaré su error, y no me acordaré más de su pecado” (Jer. 31:34). Como vemos, él nos asegura que una vez que nos perdona algo, ya nunca toma medidas contra nosotros por esa ofensa. No la utiliza para acusarnos o castigarnos una y otra vez, sino que la perdona y la deja en el olvido para siempre (Rom. 4:7, 8). Podemos imitar a Jehová tomando la decisión consciente de perdonarnos unos a otros cuando haya razón para ello (Luc. 17:3, 4). Y nosotros también podemos olvidar las ofensas de otros si las dejamos atrás y nunca más las sacamos a relucir. w13 15/6 3:11,13, 15

lunes, 18 de mayo de 2015

Lunes 18 de mayo


Vendrán los días calamitosos y llegarán los años en que dirás: “No tengo en ellos deleite” (Ecl. 12:1).

Llega un momento en que la mayoría de las personas mayores ya no pueden cuidarse por sí mismas y necesitan ayuda (Ecl. 12:2-7). Junto con sus hijos adultos, deben decidir cuál será el mejor tipo de ayuda y buscar soluciones a su alcance. Suele ser conveniente que se reúnan para determinar las necesidades, decidir qué se hará y hablar de cómo colaborará cada uno. Todos los implicados, en especial los padres, deben tratar de expresarse con franqueza y ser realistas. Por ejemplo, pueden evaluar si, con alguna ayuda extra, los padres podrían seguir viviendo en su propio hogar de forma segura. También podrían analizar cómo cada uno puede colaborar en el cuidado diario o en dar ayuda económica (Prov. 24:6). Todos deben comprender que tienen un papel que cumplir; sin embargo, tal vez ese papel cambie con el tiempo y haya que turnarse de algún modo. w14 15/3 4:3


jueves, 14 de mayo de 2015

Viernes 15 de mayo

                      Hay tiempo de callar y tiempo de hablar (Ecl. 3:1, 7).


“Ahora comprendo que en algunas ocasiones no es bueno tratar ciertos temas”, comentó una hermana que lleva diez años casada. Y añadió: “Si mi esposo está cargado de trabajo y obligaciones, dejo pasar un poco de tiempo antes de hablar de ciertos asuntos. Gracias a eso, nuestras conversaciones son mucho más calmadas”. La esposa prudente también se expresa con amabilidad, consciente de que una palabra bien elegida y “hablada al tiempo apropiado” es atrayente y valiosa (Prov. 25:11). Un esposo cristiano debe hacer su parte no solo escuchando a su esposa, sino también tratando de expresar sus sentimientos con claridad. También es útil buscar un momento oportuno, quizás cuando ambos estén a solas analizando el texto diario o leyendo la Biblia. Es importante que los dos cónyuges valoren la oración y estén decididos a ser mejores comunicadores. w13 15/5 3:6-8

jueves, 1 de enero de 2015

¿Tienen los cristianos la obligación de pagar el diezmo como exigia la ley?

 Habían varios diezmos o por lo menos dos. El primero de ellos, se trataba de una décima parte de lo que producía la tierra, en otras palabras de los árboles frutales y de las vacadas y los rebaños (posiblemente sería el aumento que hubiesen experimentado estos rebaños), se llevaba al santuario y se les daba a los levitas, porque ellos no tenían ninguna herencia en la tierra, sino que estaban dedicados al servicio del santuario. (Le 27:30-32; Nú 18:21, 24.) Los levitas a su vez le daban una décima parte de lo que recibían al los sacerdotes (aarónicos) para su sustento. (Nú 18:25-29.)
En cuanto al grano este se trillaba y se le entregaba limpio a los levitas. Con las uvas se o el fruto de la vid convertía en vino y las aceitunas o fruto del olivo se convertia en aceite antes de entregarlos como diezmo. (Nú 18:27, 30; Ne 10:37.)

 Pero si en lugar del diezmo del producto, un israelita deseaba dar el valor en dinero, podía hacerlo, pero tenía que añadir una quinta parte adicional al valor del producto. (Le 27:31.) El caso del rebaño y del hato era diferente. A medida que los animales salían por la puerta del corral uno a uno, el dueño marcaba con una vara uno de cada diez como el diezmo, sin examinarlo o seleccionarlo. (Le 27:32, 33.)

Había un segundo diezmo, que se apartaba cada año pero este era para otros propósitos muy distintos del apoyo directo a los sacerdotes levítas, aunque los levitas tambien recibían parte de él. Por lo general, las familias israelitas usaban este segundo diezmo y lo disfrutaban cuando se reunían en las grandes asambleas conocidas como fiestas nacionales.

En los casos en que la distancia a Jerusalén fuera demasiado grande para llevar hasta allí este diezmo, el producto se convertía en dinero, y este dinero, se usaba en Jerusalén para el mantenimiento y el disfrute de la familia durante la asamblea porque esta era una reunión o convocación santa. (Dt 12:4-7, 11, 17, 18; 14:22-27.) Hacia el final de cada tercer y sexto año del ciclo sabático de siete años, este diezmo, en vez de usarse para sufragar gastos en las asambleas nacionales, se apartaba para los levitas, residentes forasteros, viudas y huérfanos de la comunidad local. (Dt 14:28, 29; 26:12.)


Estas leyes sobre el diezmo a las que estaban sujetos los israelitas no eran excesivas. No hay que olvidar que Dios prometió hacer prosperar a Israel abriendo “las compuertas de los cielos” si se obedecían las leyes de los diezmos. (Mal 3:10; Dt 28:1, 2, 11-14.) Cuando el pueblo se hacía negligente respecto al pago del diezmo, el servicio del sacerdocio sufría, puesto que los sacerdotes y los levitas se veían obligados a trabajar seglarmente y por consiguiente descuidaban sus servicios ministeriales. (Ne 13:10.)

La Ley no decia que se tenia que castigar a la persona que no pagase el diezmo. Jehová colocó a los israelitas bajo la obligación moral de pagarlo en dos plazos o dos ciclos sabáticos, es decir, al final de cada tercer y sexto año. Cada persona tenían que confesar delante de Él que lo había pagado en su totalidad. (Dt 26:12-15.) Cualquier cosa que se retenía de forma indebida se consideraba como algo robado a Dios. (Mal 3:7-9.)

"Los cristianos no tiene la obligación de pagar el diezmo como exigia la ley"

Jesús en ningún momento les ordenó a los cristianos del primer siglo que pagasen diezmos. Bajo la Ley, que se dió por medio de Moisés el propósito principal había sido apoyar el templo de Israel y su sacerdocio. Por consiguiente, la obligación de pagar el diezmo terminaría cuando el pacto de la ley mosaica finalizara, en otras palabras que llegaría a su fin con la muerte de Cristo en el madero de tormento. (Ef 2:15; Col 2:13, 14.)

Es cierto que los sacerdotes levíticos continuaron sirviendo en el templo de Jerusalén hasta que este fue destruido en el año 70 E.C., pero desde el año 33 E.C. los cristianos llegaron a ser parte de un sacerdocio espiritual nuevo, un sacerdocio que no necesitaba diezmos. (Ro 6:14; Heb 7:12; 1Pe 2:9.)
Eso si a los cristianos se les animaba a apoyar el ministerio, tanto mediante su propia actividad ministerial como mediante sus contribuciones materiales. En vez de dar cantidades fijas para sufragar los gastos de la congregación, habían de contribuir ‘según lo que tenía la persona’, dando ‘como lo había resuelto en su corazón, no de mala gana ni como obligado, porque Dios ama al dador alegre’. (2Co 8:12; 9:7.)